Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora
El fervor inmaculista surgido en Málaga en 1617, en los días siguientes a la publicación por el Papa Paulo V del decreto pontificio “SanctissimusDominusNoster”, mediante el que se prohibía el ataque público a los postulados inmaculistas, favoreció la fundación en la ciudad de la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de María, radicada en el convento franciscano de San Luis el Real, con objeto de tributar culto a la Santísima Virgen bajo esta advocación, fruto del espíritu concepcionista de Málaga, espíritu que llevó consigo el denominado “voto de sangre”, esto es, el compromiso de dar la vida y derramar la sangre, si es preciso, por defender el misterio de la Inmaculada Concepción, requisito indispensable de todo aquel devoto interesado en pertenecer a la corporación, voto que la Archicofradía continúa profesando en la actualidad.
La iglesia conventual franciscana de San Luis el Real, sede canónica de la Hermandad de la Pura y Limpia, fue edificada en los terrenos concedidos por los Reyes Católicos a la orden Seráfica en el año 1489, en el lugar en que actualmente se ubica la Plaza de San Francisco y el antiguo Real Conservatorio María Cristina, cuya sala de conciertos constituye la que fuera la nave central de una capilla anexa al convento.
Los Reyes Católicos siempre mostraron una peculiar predilección por la orden franciscana. Este singular afecto se materializó en 1489, cuando por orden real, se decretó la cesión a los frailes de San Francisco de unas huertas cercanas a la muralla árabe, situadas junto a la propiedad del comendador mayor.
También se les hizo entrega de los materiales necesarios para la construcción del convento, convirtiéndose San Luis el Real en una de las primeras fundaciones conventuales instituidas en la ciudad. A partir de ese momento, los franciscanos comenzaron una decidida labor benéfica y social, y pronto lograron hacerse con el cariño de los ciudadanos, siendo elegido el cenobio durante años como lugar preferente de enterramiento para el eterno descanso de la gran mayoría de la población. Poco a poco, las raíces franciscanas asentaron su firmeza para difundir entre generaciones de cristianos la doctrina del fundador. Esta fortaleza, sobre la que estribaba la estabilidad de la orden, constituyó una virtud fundamental en la fundación de nuestra corporación.
Históricamente, se ha identificado como uno de los fundadores de la Hermandad de la Pura y Limpia con la persona de D. Alonso Barba de Coronado y Zapata, Capitán de los ejércitos Reales.
Con el paso de los años, la Hermandad se consolidó como una poderosa cofradía matriz que alcanzó gran pujanza en poco tiempo y llegó a contar con seis filiales: Coronación de Espinas, Humildad, Lavatorio de Pies, Sagrada Cena, Santo Cristo de la Columna y San Pedro. Todas ellas procesionaban el Miércoles Santo, día en que lo hacía la Hermandad matriz, como así establecían sus estatutos. No obstante, la corporación de la Pura y Limpia Concepción celebraba la fiesta de Nuestra Señora el día 8 de diciembre de cada año, y tenía la potestad de decidir si procesionaba a la Imagen Titular en la festividad de la Inmaculada o en la jornada del Miércoles Santo.
La obra publicada por el padre Llordén y Sebastián Souvirón, “Historia documental de las Cofradías y Hermandades de pasión de la ciudad de Málaga”, recoge una de las primeras referencias documentales que constan de la historia de la Cofradía: el contrato suscrito entre el artista José Micael Alfaro y la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora la Virgen María, mediante el que se acuerda la realización de un trono y de las imágenes que han de procesionarse de la representación de la Coronación de Espinas. Transcribimos un fragmento de dicho contrato:
“Yo, Joseph Micael, maestro de escultor, vecino de esta ciudad de Málaga, otorgo que me obligo de hacer para la Hermandad de la Limpia Concepción de Nuestra Señora, sita en el convento de San Francisco de esta ciudad, una insignia de la coronación de Cristo Nuestro Redentor, sentado en una media columna o en otra cosa que quisiere la Hermandad como no exceda de media columna, y la dicha insignia ha de ser en carne, y los tres sayones cabe las manos, y presentar acabado todo con sus bandas, dadas de negro, y cuatro horquillas, y todo lo corriente menos las vestiduras de los sayones porque esos los tiene que vestir la dicha Hermandad.”
Archivo de protocolos de Málaga
Escribanía de José Benítez – 12 de diciembre de 1634
En 1635 se establece otro contrato entre la hermandad de la Pura y Limpia y el escultor Pedro Fernández de Mora, quien se compromete a realizar las tallas de Jesucristo y San Pedro en la escena del lavatorio, así como el trono. El contrato fue redactado en los siguientes términos:
“Yo, Pedro de Mora, (…) me obligo a favor de la Cofradía de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora la Virgen María y Madre de Dios, sita en el convento del Señor San Francisco de esta ciudad (…) de hacerles un paso de escultura de talla entera, con sus andas y parihuelas, en que vaya y se mueva, toda de madera en esta forma: una imagen de Nuestro Señor Jesucristo lavando los pies a otra imagen del apóstol de San Pedro, las armaduras de los cuerpos de madera, los rostros de pasta, pies y manos de madera, San Pedro sentado en un escaño (…) que no le falten a las imágenes más que las vestiduras, que estas han de ser a cargo de dicha cofradía.”
Archivo de Protocolos de Málaga
Escribanía de Andrés Padilla – 30 de julio de 1635
Tres años más tarde, el mismo escultor Pedro Fernández de Mora realizó un nuevo trono para la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción, destinado en esta ocasión a procesionar la escena del despedimiento, representación de la despedida de Cristo de su madre antes de comenzar la Pasión, advocación que tiene su origen en la literatura medieval.
En la escritura, de 30 de octubre de 1638, el artista, cuya residencia se encontraba en la calle de los Santos Mártires, adquiría el compromiso de “ejecutar un paso del Despedimiento de Nuestro Señor Jesucristo de su Santísima Madre (…) que se ha de entender una hechura de un Cristo y una imagen de Nuestra Señora para vestidos al natural, armados con tornillos y andas, que asimismo he de hacer”. De las dos figuras que lo componían en su origen, hoy tan solo perdura la del Cristo, reconvertido en Jesús preso y donado a la iglesia de la abadía del Cister en 1733, templo en el que se encuentra en la actualidad, ubicado en una hornacina a la izquierda del Altar Mayor.
El 15 de marzo de 1654, Francisco y Juan García manifiestan a los directivos de la Hermandad de la Concepción sus propósitos de organizar una cofradía filial en torno al grupo escultórico de la Sagrada Cena. Según se indica en el documento que rubricaron los hermanos García, las pretensiones pasaban por procesionar esta iconografía en 1655, “… y para ello habremos de buscar veinticuatro hermanos que lo lleven con sus túnicas, escapularios azules, correones y horquillas…”
En una reunión de 26 de noviembre de 1654, el cabildo eclesiástico constituyó una comisión con el cometido de visitar al cardenal Alonso de la Cueva, para comunicarle la intención de jurar la defensa perpetua de la Inmaculada concepción de María ante su persona, respeto que todas las demás iglesias de España habían hecho. El cardenal dio su visto bueno y ofreció la fecha del 8 de diciembre de ese mismo año como la idónea para celebrar la ceremonia. A dicha petición se unía la del cabildo municipal, que manifestaba al eclesiástico, por medio de los regidores Alonso Martínez Caballero, Baltasar de Zurita, Antonio Pedrosa y Martin Delgado, cómo “la ciudad de Málaga, atendiendo y conociendo los grandes beneficios que recibe cada día de la mano de nuestro señor, y por el fervor que tiene a esta soberana Señora, ha determinado que esta ciudad jure en público defender la Concepción de nuestra señora el día de su festividad ante el señor cardenal, sobre lo cual nos nombró el cabildo municipal para suplicar a su eminencia lo permitiese así y al cabildo eclesiástico en la misma forma, y para que esto continuase perpetuamente y haya memoria, trae un traslado autorizado del acuerdo de dicho cabildo para que se ponga inserto en el libro capitular”.
Un documento fechado en el año 1660, hallado en el Archivo Histórico Provincial, avala la fundación de la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción por el citado Alonso Coronado. El texto dice así:
“…Entrego carta de lo referido. Cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, sita en el convento de San Francisco de esta ciudad, de la que yo soy fundador. Declaro yo, el dicho D. Alonso de Coronado, que tengo en mi poder un manto de tela de oro azul con flores, el cual, es de Nuestra Señora de la Concepción, de la Cofradía que está en el dicho convento de San Francisco, el cual, estaba empeñado en 300 reales, poco más o menos, en un mercader de la calle Nueva, a quien le satisfice dicha cantidad y recibí en mí el dicho manto. Quiero y es mi voluntad que satisfaciendo la dicha Cofradía la cantidad de su empeño, a la dicha Dña. María de Pedrosa, mi mujer, se le entregue luego el dicho manto….”
En 1671, el mal estado en que se encontraba la capilla mayor del convento de San Luis el Real llevó a acometer la construcción de una nueva con su correspondiente retablo. En 1673 los franciscanos conceden la colocación en la hornacina central del retablo de la “Imagen de Nuestra Señora propia de la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción”, lo que refuerza la fortaleza de la Hermandad y la importancia de la advocación en la ciudad, sobre todo entre las clases populares.Al ocupar la advocación el retablo de la capilla mayor, se encargó de su cuidado el P. Sacristán, quien tenía encomendada las funciones de vestirla, disponiendo para ello de sus vestidos, joyas y alhajas.
Por circunstancias desconocidas, la Hermandad de la Pura y Limpia Concepción desapareció del concierto procesionista en las postrimerías del siglo XVII. El último documento en el que encontramos referencias a ella data del año 1695.